¡¡BIENVENIDO!!                                                   El pasado nos recuerda de donde venimos...                                            pero no debe marcar a donde vamos.

sábado, 16 de mayo de 2015

Inesperado Amor. CAPÍTULO 37.

Notas de Mara:
Hola. 
Es maravilloso haber llegado, finalmente, a este punto de la historia. (^.^)
Espero lo disfruten.

.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.

CAPÍTULO 37. Sacrificios de Amor.

.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.


El joven reportero estaba observando todo desde su escondite, tomando fotografías, sin interferir, como buen profesional que era.

Cuando había decidido estudiar periodismo siempre pensó que ser un simple espectador le resultaría fácil, en especial teniendo en cuenta su naturaleza cobarde, pero estar en el campo era completamente diferente a cómo se lo imagino, ver a personas reales, en problemas reales, a punto de morir de verdad...

No pudo permanecer más tiempo imparcial.

— ¡CUIDADO! — Gritó a la chica mientras veía a la cortina de humo tomar forma detrás de ella.

Pero, pesé a haber interferido, pesé a haber dejado de ser un espectador de la historia, lo único para lo que valió su intervención fue para que la joven pudiera ver el rostro sonriente de su agresor, en el justo momento que la atravesaba con su garfio.
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Al fin estaban ahí, la mujer de jabón se interponía a su paso, mientras Hina detenía al tal Jabra. Se movía demasiado rápido, era demasiado fuerte y se transformaba en una especie de hombre-lobo, aterrador. ¿De dónde salían esos payasos?

Nami por su parte se movía de un lado a otro, intentando esquivar las barreras de jabón que la rubia le ponía delante, como si quisiera llegar hasta la puerta, y por lo visto, nadie debía salir vivo de ahí.

« ¡Maldición! » Renegó Hina, mentalmente, cuando un fuerte golpe la hizo caer. Estaba exhausta, hambrienta y lastimada; pese a que la mayoría sus heridas habían sanado milagrosamente y de la nada, estaba resintiendo los estragos físicos que había sufrido su cuerpo a lo largo de aquel encierro, ni siquiera tenía la menor idea de por qué la habían llevado ahí, menos de las razones de la tortura, y sus hijos... ¡Sus hijos!

Una inmensa ira se apodero de ella al recordar que la habían torturado delante de sus hijos; el daño físico que le habían causado le importaba menos que el irreparable daño psicológico que había provocado a los pequeños.

No se preguntaba porque no la estaban buscando. El día del secuestro, llevaba consigo la carta que sus abogados le pidieron que entregara a Akagami en persona. La había terminado tirando en el cuarto de los pequeños, lo más seguro era que su marido asumiera su huida. ¡Que absurdo! ¿Cómo si ella fuera de las que huyen?

Se puso de pie con dificultad, el cansancio se le notaba más de lo que le gustaría, sus piernas temblaban y su respiración era demasiado inconsistente.

El hombre-lobo saltó hacía ella.

Respiró hondo y cerró los ojos, probablemente aquel sería su fin; el final de su vida. Pudo haberse dejado golpear, pudo permitir que aquel golpe la impactara, pudo rendirse y dejar al inevitable final alcanzarla, pero la imagen de sus vástagos inundo su mente, imágenes felices, imágenes sonrientes, imágenes preciosas... todas ellas rotas por el llanto, por el dolor, por el miedo.

Abrió los ojos de golpe, Jabra se encontraba a menos de un metro de ella. Quizá fue la adrenalina, quizás la decisión, quizás el hecho de que no pensaba permitir que la última imagen que sus hijos tuvieran de ella fuera algo tan deplorable e inhumano; no importa lo que haya sido, se movió instintivamente hacia abajo, esquivando un golpe directo a su rosto, extendió su brazo derecho y golpeo a aquel hombre con el mismo. Todo fue muy rápido, muy sorpresivo, muy inesperado, pero de su brazo, sin ninguna explicación lógica y razonable, brotó una extraña armazón de acero, con la forma de un cepo, que dejo a su adversario anonadado, atrapado y parcialmente fuera de combate.

— ¿Es una usuaria? — murmuró Califa, parando en seco.

Nami, quien también se había quedado en shock unos segundos, reaccionó, aprovechando aquella inesperada distracción alcanzo los cables de alto voltaje junto a puesta, salto sobre una mesa de madera y los arranco, arrojándolos hasta los restos de jabón espumoso en el suelo.

— ¡Salte!

Hina reaccionó por instinto, colgándose de una cuerda que estaba pendida en al techo.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Lucci endureció sus facciones al mirar a los ojos al chico que sujetaba su garra. No le importaba de dónde habían salido, los quería matar en ese instante.

Luffy soltó a la misteriosa criatura delante suyo, bajo a Tarao, quien al parecer estaba mejor.

— Tarao, ¿puedes curar a Robin? — pidió al hábil médico que lo acompañaba.

El aludido se vio tentado en decir que no, e irse de aquel lugar en el que nada de lo que sucedía debería importarle, después de todo ya se había involucrado demasiado, y todo aquello no estaba haciendo otra cosa más que interponerse en sus verdaderas ambiciones, no obstante, sentía que debía quedarse junto a aquel chico un poco más.

— Si —, respondió secamente, usando su habilidad traslado a la chica a una mesa de cirujano, pero antes de llegar hasta ella, un hombre apareció “de la nada”, entre ambos.

— Me temo que no puedo permitirlo — le anunció el enorme sujeto con aspecto de toro.

El medico sonrió de medio lado, y negando con la cabeza murmuro: — Menudo idiota.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

El pelirrojo no sabía si le molestaba más que lo hubiesen golpeado por sorpresa o la ridícula manera de hablar de aquel dramático sujeto. Se levantó, las heridas de su reciente accidente sólo le provocaban que aquellos golpes fueran más duros.

« ¡Maldito! » Pensó Shanks. El tipo delante suyo se vanagloriaba de su fuerza y habilidades, como si el dolor del pelirrojo fuera completamente obra suya, como si su ataque hubiera sido realmente poderoso. « ¡Idiota! » 

Kumadori se dispuso a atacar de nuevo a su adversario, pero la fuerza y velocidad del pelirrojo seguían siendo mayores, pese a sus heridas. Shanks esquivo los golpes y contra ataco con un certero puñetazo que derribo a su adversario, dejándolo inconsciente, ante los ojos atónitos de su compañero.

— Sera mejor que tú no te metas en mi camino — dijo Akagami, con arrogancia, irguiéndose para ocultar la electrizante punzada de dolor que amenazaba con sacudirlo.

El chico de la nariz cuadrada termino de revisar los signos vitales de su amigo. Se puso de pie y lanzo al pelirrojo un florete* que estaba en un exhibidor cercano.

— ¿Sabe manejarlo?

— Tome clases hace algún tiempo.

El más joven saco sus catanas y se colocó en guardia.

— No podrán decir que mate a alguien desarmado.

Shanks se colocó en posición de ataque, como todo un experto. Hizo una pequeña reverencia y sonrió de medio lado.

— Akagami Shanks.

— Yamakaze* Kaku.

Y tras esos breves segundos de caballerosidad y elegancia, comenzó la feroz batalla.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Los ojos de Zoro se desorbitaron ante la escena que tenía delante, e inmediatamente olvido que necesitaba aire, que le faltaba respirar, pero ¿a quién le importaba eso en aquel momento?

La hermosa joven, que creyó que había huido, abandonándolo en aquel lugar al igual que lo había hecho Koshiro hace tantos años, la chica que regreso por él a pesar de todo para intentar salvarlo aunque él mismo en algún momento pensara que ya no tenía salvación, estaba siendo atravesada por un enorme garfio, desde el costado de su cuerpo, conocía esa herida, había visto a Crocodaille frenar cientos de vidas de la misma manera: le había perforado un pulmón.

Se levantó, por mera adrenalina, impulsado por la sorpresa, el miedo, la desesperación. Quería apartarla de él, protegerla como ella siempre lo había protegido cuando eran pequeños, hasta antes de enfermar. No dio más que un paso, antes de sentir cómo lo jalaban de un brazo, regresándolo de golpe al suelo. El hombre de los ojos dorados paso a toda velocidad junto a él, y al verlo aproximarse a su eterno captor, el temor se hizo más grande. ¿Podía perderlo todo?

Hasta ese momento siempre pensó que no tenía nada más que perder. Después de toda una vida solo, después de tanto tiempo no deseando otra cosa que venganza, alejarse de todo y empezar de cero en cualquier parte del mundo lejos de ahí... luego de pensar que no le quedaba nada, se daba cuenta que estaba equivocado. Kuina había ido por él, y el hombre de los ojos amarillos le había propuesto vivir a su lado... y ahora, estaba a punto de perderlos a ambos.

Mihawk reconoció la voz del moreno que los acompañaba, y contemplo anonadado como la joven que acababa de salvar a Zoro era atravesada por el garfio del proxeneta. Todo pasó muy rápido, y al ver la intensión del peliverde de ir a salvarla, su corazón se cayó a pedazos. Fue entonces cuando lo comprendió: estaba enamorado.

Ya no era una incertidumbre, una duda o una posibilidad; era una certeza: estaba perdidamente enamorado. Conocía esa sensación, la sensación de algo dentro rompiéndose, la sensación de sentir un amor único y unilateral, un amor sin futuro. ¡Vaya que la conocía!

Todo pasó muy rápido, tan rápido que no tenía tiempo de quedarse a sentir ese dolor que lo destrozaba. Detuvo al muchacho, no podía permitir que nada le pasara, si lo estaba protegiendo antes de entender lo que sentía, en aquel momento ya no había manera de dar marcha atrás: pelearía por él, y de ser necesario, moriría por él; después de todo... ya no le quedaba nada.

Jaló a Zoro hacia atrás, regresándolo al suelo y lanzo un puñetazo a Crocodaille, dándole de lleno en la cara, para la sorpresa del mismo chulo*.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

 Doctorine salió por un viejo túnel oculto, llegando junto a un árbol frente al cual estaba estacionada una camioneta con su pequeño discípulo adentro.

— Vámonos — dijo tras subir al auto.

Chopper estaba en su forma semi-humana para poder conducir aquel vehículo, pero en lugar de arrancar, como le había pedido su mentora, permaneció ahí, con la vista fija en el camino por el que la mujer había aparecido.

— Nadie más llegara — anunció ella, sabiendo de antemano lo que pasaba por su cabeza —. Las cosas se complicaron demasiado, la policía está involucrada y probablemente nadie salga vivo.

Chopper apretó el volante al punto que este hizo “crack”. Lo soltó, y apartó la vista de aquel camino.

— Debo ir a a...

Antes de que terminara aquella frase, la mujer lo golpeó con fuerza, justo en la nariz.

— ¡No seas imbécil! — le reprendió furibunda —. ¿Sabes lo que pasara si te atrapan?

El reno apretó la boca en una línea, armándose de valor.

— Ussop es mi único amigo — le recordó —. No puedo abandonarlo.

La mujer enfureció, y lo bajo de una patada del auto de una patada.

— ¡Entonces ve a que te maten! — exclamó, tras haberse colocado en el lugar del conductor y justo antes de arrancar a toda velocidad, alejándose de ahí.
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

La joven herida cayó al suelo, y el moreno llegó a tumbos hasta ella, temiendo lo peor; afortunadamente, aún respiraba y le sonreía.

— No te preocupes — pidió justo antes de comenzar a toser sangre, logrando contra su voluntad el efecto deseado.

— Debiste irte — susurró el muchacho, sabiendo que en breve los pulmones de la chica se llenarían de sangre, haciéndola convulsionar hasta morir.

— No podía abandonarte — le dijo, sin dejar de escupir sangre —, no después de buscarte por tantos años.

— No hables.

— Sé que estas aquí por causa de padre — continuo hablando, ignorando las sugerencias de su amigo. No era tonta, sabía perfectamente lo que estaba pasando, podía sentir como la vida se le escapaba, y no podía irse sin decirle aquello —. Debí seguir buscándote — comenzó a llorar. Su voz se quebraba, el aire le faltaba, y no alcanzaba a respirar —. Perdóname Zoro — sollozo, aferrándose a él. El muchacho la sujetaba contra su pecho, intentando darle valor en aquellos momentos.

— Estoy bien — mintió él, fingiendo la entereza que no sentía —, y tú también lo estarás. No sigas hablando.

— Al menos pude volver a verte, una vez más — sonrió, acariciando la mejilla de su amigo —. Te amo, Zoro.

El peliverde sintió su corazón encogerse, y tragó saliva intentando mantener la entereza. Tomó la mano de su amiga, y la apretó con suavidad.

— Yo también.

Ella cerró los ojos, con esa sonrisa que conservaba. Comenzó a ahogarse con su propia sangre, y el miedo la invadió. Las lágrimas salían de sus ojos, una tras otra, sin parar. Su cuerpo comenzó a sacudirse y se aferró a su amigo, hundiendo el rostro en su pecho mientras comenzaba a convulsionarse. La sangre no le llega como debía, al cerebro; sus pulmones estaban inundados. Era el fin.

Zoro la apretó con fuerza, para evitar que los espasmos la asustaran más. La apretó hasta que dejo de moverse, hasta que sus delicadas manos dejaron de ser un nudo sobre su pecho, y cayeron debido a la gravedad. Todo había terminado. Su corazón quiso meterse, el aire quiso faltarle, y un espasmo incontrolable sacudía sus mejillas, mientras luchaba con las lágrimas que trataban de escapar.

Apretó aquel cuerpo inerte con fuerza, como si con eso pudiese ser capaz de devolverle la vida que se le había escapado.

Mihawk lo observo en silencio, mientras su propio corazón se hacía pedazos. ¿Por qué carajos la vida se empeñaba en hacerle eso?

El sonido de Crocodaille poniéndose de pie capto su atención. No tenía tiempo de comportarse como un adolecente, no tenía tiempo de llorarle a un amor que nunca había tenido futuro. Se había acabado; si moría ahí, en ese momento, por ese muchacho, sería lo mejor que podría pasarle. Morir por quien amaba, igual que la chica en los brazos en los que él deseaba estar.

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _

Notas culturales:

*Florete.- Es una de las tres armas de la esgrima (las otras son: sable y espada). El florete es considerado el arma básica, originalmente usada para el entrenamiento. Es ligera y flexible. Se necesita mucha precisión y técnica para usarla.

*Yamakaze es el apodo de Kaku, significa "El viento de la montaña". 


*Chulo.- en algunos países, sinónimo de proxeneta.

No hay comentarios: